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Van y vienen... las crisis.

  • Foto del escritor: Leonelly
    Leonelly
  • 16 nov 2021
  • 3 Min. de lectura

Cuando creía que todo estaba prácticamente perdido, las cosas empezaron a cambiar.

Las crisis no son eternas. Lo que hoy puede parecer una catástrofe en tu vida, el día de mañana, incluso podrías hasta no recordarlo.


He experimentado casi por obligación, que hay ventajas en estar en crisis:


1.- Aprendes a conocerte mejor y a convivir contigo. Hay batallas en las cuales, aunque otros insistan en estar presentes, darte la mano o sostenerte, incluso tomarte y llevarte en sus brazos para que descanses mientras recobras el aliento; deberás enfrentarlas en soledad. Siendo un tú a tú con tu gigante y nadie más.

Y vas a llorar, aunque seas una persona que normalmente no lo haría, incluso si eres el más optimista de tu grupo o familia, vas a llorar y gritarás hasta que sientas que algo dentro de ti se desprende, pero también cuando pase, sentirás claramente como todo empieza a unirse y reconstruirse.


Te das cuenta que quizás por mucho tiempo fuiste un desconocido para ti, luego solo serás la única persona que tendrás y con quien deberás limpiar, atender, curar y ver cicatrizar las heridas que esa batalla te dejó. Sin embargo, con mucha satisfacción presenciarás cómo tus tejidos, tu piel y cada uno de tus elementos se renovarán.


2.- Cambias – Mejoras.

Me atrevo a decir que es la mejor parte del proceso. Cuando terminas siendo alguien mejor, para muchos hasta irreconocible, para ti, únicamente la persona que decidiste moldear.

En muchas ocasiones, lo que te arrastra a la crisis son comentarios del tipo “nunca vas a cambiar”, y con toda seguridad puedo decir que es una absurda creencia, y lo fundamento así:

Un día me levanté, como casi siempre a las 5:00am, abrí los ojos y me dispuse a seguir la recomendación de mi psicólogo: Sonreír, pensar y decir en voz alta “¡Buenos días! ¡Este será un día grandioso!

Acto seguido, y antes de levantarme de la cama, llegó una notificación a mi celular. Era un correo electrónico con una noticia que me mantuvo triste, malhumorada e improductiva todo el día hasta la noche que, después de un día que duró aproximadamente 48 horas para mí, entré a la ducha y dejé caer agua caliente sobre mi espalda un buen rato.

Hice unos pequeños ejercicios de respiración, me fui a la cama y pensé que el día siguiente sería mejor. Entonces descansé.


No hay muchos detalles en esta pequeña historia, pero sí los suficientes para saber que siempre, por una u otra razón cambiamos, sencillamente porque estamos vivos, y además tenemos unas cualidades que raramente nos permiten permanecer estacionados por mucho tiempo.

Tú vas a cambiar, y es una enorme ventaja de la crisis si la puedes ver: Te permite identificar lo que no quieres volver a ser o hacer, especialmente lo que te llevó a esa posición. Se trata de ti, de nadie más, de tu identidad, tu esencia, de quien tú eres.


3.- Vives.

Cuando enfrenté mis miedos y "demonios" en primera persona fue cuando realmente empecé a vivir, y estos son algunos de los signos:

- Caminar más lento porque disfrutas el camino.

- Respirar más profundo porque tienes conciencia de lo que pasa dentro y fuera de ti.

- Disfrutar las cosas pequeñas. Es cliché, pero es real: Un café al aire libre, conversaciones, llamadas, abrazos, gestos, sabores, sonidos, olores… Simplemente dejarse llevar por lo particular de ser humano.

- Dejar ir. Cuando rompes las ataduras de cualquier tipo, te encuentras frente a la cadena rota, el candado abierto y la puerta de par en par. Aunque a veces nos quedamos parados, inmóviles pensando si de verdad nacimos para eso, para ser libres.

No soy experta en crisis, pero sí he vivido muchas y lo mejor que puedo recordar es que sin ellas no existiría una mejor adaptación de mí.


 
 
 

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