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El dragón, la vainilla y tu voz...

  • Foto del escritor: Leonelly
    Leonelly
  • 1 ene 2024
  • 1 Min. de lectura



Hoy te he escuchado muchas veces, perdí la cuenta cuántas han sido. Escuché tu voz melancólica, dulce y triste; tu voz de amor, de emoción y de lágrimas contenidas. Te escuché en todas las velocidades una y otra vez, y seguramente antes de dormir, te escucharé otras tantas más. Podría convertirse en mi nueva melodía de vida el momento justo en que dices que me amas y el quiebre de tu voz al saber que seguramente no lo harás más. ¿Qué determina realmente un adiós?

No lo sé. Pero tu voz hoy me ha servido para calmar el dragón que vive en mi cuello. No supe negociar con él que no estaría presente este año nuevo, a veces la vida te obliga a convivir con tus ángeles y demonios. Y en esa extraña transformación de fuego en mi pecho a hielo en mi cuello prefiero quedarme con los efectos del sonido de tu voz que regulan mi temperatura y respiración.

Encendí una vela que huele a vainilla, ahora todas mis velas huelen a vainilla como tú, como tus brazos, manos y hombros, entonces te respiro, estás en mi ambiente si huele a ti, quizás al dragón también le gusta y se posa, viene y llega a habitar mi casa vacía, ¿por qué no la habitas tú?


 
 
 

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