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Somos la ballena

  • Foto del escritor: Leonelly
    Leonelly
  • 14 abr 2020
  • 2 Min. de lectura

Hoy fue un día al revés.

¿Te has puesto a pensar en lo agotador que es pasar del amor a la guerra en poco tiempo?

Yo no solo lo he pensado, sino también sentido, me ha pasado varias veces. Parece que los seres humanos nos comenzáramos a aburrir con la estabilidad, el amor o la satisfacción que nos genera una persona, y quisiéramos provocar revolución cuando el mar está en calma.

Lo anterior me hizo recordar a alguien que varias veces me ha comentado que le aterra la idea de navegar en un barco mar adentro porque piensa: “¿Y si de repente a una ballena se le ocurre dar un salto gigante fuera del agua y voltea el barco haciéndolo hundir?”

Tiene sentido, solo que a veces esa ballena somos nosotros mismos, nos saboteamos la calma y el amor, nos interrumpimos la paz y el sosiego, hacemos la guerra y nos matamos. Bueno, literalmente no nos matamos, pero creo que “literalmente” sería menos doloroso.

Mi reflexión es contra nosotros, ¿por qué después de navegar en un mar tan calmado como el amor puro, decidimos hacer voltear nuestro barco?

Creo que una de las peores cosas que puede hacer un ser humano es decir lo que no siente, expresar odio para herir o por pensar que ha ganado una batalla cuando de verdad no lo sientes o es solo algo de momento, sin analizar que las repercusiones pueden durar muchos días, años o sencillamente toda la vida. Eso es parte de todo lo que se pierde en lo profundo del mar cuando el barco se hunde, es difícil de recuperar, muchas cosas se quedan por allá…

Podemos tratar de unir los fragmentos pero siempre habrá uno que no encaje, que sobresalga o simplemente alguno se habrá perdido y siempre será una pieza faltante.

Lo bueno es que la mayoría del tiempo el amor se reconstruye y sale a flote, él se salva solo, el amor nunca se pierde, como nos perdemos tú y yo.



 
 
 

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