Decir adiós
- Leonelly

- 20 may 2020
- 2 Min. de lectura
-Siempre conté con el apoyo de toda mi familia- fueron las palabras que respondió mi madre cuando le pregunté acerca de la época cuando estuvo embarazada de mí.
Como muchas otras personas, crecí sin mi padre, pero ese no es el tema que quiero tratar en esta ocasión. Quiero resaltar a “las otras personas”, son quienes representan rayos de luz en la oscuridad. Personas que te ayudan a crecer y te dan la oportunidad de sentirte amado y protegido.
Crecí rodeada de tíos y tías que en muchas ocasiones hicieron las veces de padres para enseñarme, guiarme y corregirme, sin embargo, no estoy segura si alcancé a dar las gracias a algunos de ellos. De hecho, creo que no me dio tiempo de decir “adiós”.
Hace casi cuatro años me separé de mi familia, y aunque me mudé al país más cercano al mío, la distancia se sintió muy profundamente, en especial por pertenecer a un grupo tan numeroso en el cual nunca, así lo quisiera, podía estar sola del todo.
Es inevitable que casi todo se modifique cuando tú emigras: Tus hábitos y rutinas, tus prioridades, tu tiempo… Casi todo da un giro y uno queda situado prácticamente en la posición opuesta a la que estabas (esto lo escribo a través de mi propia experiencia).
En muchas ocasiones no te da tiempo de pensar en cosas muy valiosas que simplemente dejaste de hacer, porque estás ocupado, trabajas mucho, tu enfoque cambia o tal vez tú mismo haces bloqueo hasta de los recuerdos, para no deprimirte o quebrantarte y aún más cuando no tienes cerca a las personas que siempre han estado para levantarte.
No obstante, siempre está viva la esperanza de un reencuentro, y del momento de volver a construir todas esas experiencias que quedaron sostenidas en un “hasta pronto”.
Solo hasta hace un par de días me di cuenta que estando aquí perdí una persona muy valiosa para mí pero en mi mente no tengo registro de esa pérdida. Aún siento que él está entre las personas que me van a recibir de vuelta algún día, que celebraremos, tomaremos algo y bailaremos una vez más.
No tengo registrada esa pérdida porque nunca pude decir adiós, por ningún medio y de ninguna manera.
Despedirse es importante.
*Para poder cerrar ciclos y seguir adelante sin algún peso a cuestas.
*Para superar y adaptarse a la ausencia de esa persona (haya o no fallecido, hay personas que fallecen hipotéticamente).
*Para aceptar la realidad y suprimir falsas esperanzas. Las separaciones físicas o sentimentales son parte de la vida.
*Para mitigar la angustia que supone imaginar la vida sin esa persona.
Además, para sanar. Las pérdidas son sinónimo de dolor y vivir con eso nos impide disfrutar la vida del todo. Yo no pude decir adiós en esa ocasión y en otras más, pero ahora lo hago simbólicamente y aunque vuelve a doler, lo hace de una manera diferente, porque puedo dejar ir y ser libre.
Las despedidas no borran los recuerdos, pero permiten anclarse a la realidad de que, aunque esa persona ya no estará físicamente, permanecerá para siempre dentro de ti.
“Te digo adiós para toda la vida, aunque toda la vida siga pensando en ti.” (José Ángel Buesa)









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